Por Hugo Vidal
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John Clayton III es un adinerado noble inglés que vive apaciblemente en la ciudad al lado de su bella esposa Lady Jane Porter; sin embargo, también es conocido como Lord Greystoke, Tarzán el Hombre Mono. Es 1884. En este contexto recibe una invitación a visitar Africa para apreciar las buenas obras del gobierno belga a cargo del Rey Leopold, pero Clayton no quiere regresar.

Tarzán es uno de los personajes que cuenta con más adaptaciones desde su creación en 1912 por Edgar Rice Burroughs. Ha sido llevado a todos los medios existentes, desde libros y novelas hasta obras de teatro y videojuegos. La Leyenda de Tarzán recupera ese mensaje imperialista que reflejaba en sus inicios. Es un hombre blanco, inglés, que gracias a su fuerza y su coraje logra no sólo sobrevivir sino imponerse sobre todas las bestias y peligros que se encuentran en la selva para convertirse en su rey.

La versión de David Yates logra recuperar un poco esa esencia perdida en versiones recientes, el personaje es fuerte y salvaje, no es muy expresivo y no lo necesita. Alexander Skarsgård es el actor que le da vida a Tarzán. La caracterización del personaje es aceptable; si bien no es muy buen actor, este Tarzán no necesita grandes interpretaciones. Puedo decir que logra un buen hombre mono, no el mejor pero tampoco el peor.

Jane Porter es tal vez el mayor atractivo de la cinta. Margot Robbie interpreta a una damisela en peligro singular que siempre reta al villano y le ocasiona buenos dolores de cabeza. Es independiente hasta donde es posible en su papel y, al mismo tiempo, logra despertar esa sensualidad que la caracteriza en sus participaciones recientes. Christoph Waltz también logra rescatar la historia como el villano, León Rom, que está dispuesto a hacer cualquier cosa con tal de hacerse de esa tierra llena de riquezas.

Mención aparte requiere la participación de Samuel L. Jackson como enviado del gobierno norteamericano que sospecha que el rey Leopold está usando nativos africanos como esclavos para la construcción de vías ferreas y planea esclavizar a todo El Congo -él debe conseguir pruebas para evitar esa injusticia-. Aparte de lo absurdo de su personaje, Jackson logra añadir a la cinta el toque cómico que evita que en determinadas partes la acción decaiga.

El director David Yates no pierde mucho tiempo en la historia de Tarzán, todos la conocemos y él la bosqueja solamente por medio de flashbacks de los momentos más sobresalientes, su vida con los simios, la complicidad de su hermano y su encuentro con los hombres.

Mientras Tarzán se balancea entre un mundo de lianas para rescatar a su amada Jane del villano que la utiliza de carnada, el villano pretende llevar a Tarzán a una trampa e invadir El Congo con un ejército de mercenarios para reclamar su poder sobre unas tierras repletas de diamantes.

Es el CGI el último protagonista de la cinta y debo decir que falla miserablemente. Yates logra llevar la acción adecuadamente por la mayor parte de película, pero hacia la parte final ésta se le va de las manos y termina cayendo en situaciones absurdas y exageradas. En una burda intención de lograr un final apabullante y grandioso, da al traste a toda la trama.

En general, La Leyenda de Tarzán es una cinta entretenida, con buena acción y efectos regulares que si bien no va a ser la mejor versión del legendario personaje, sí merece un sábado en la tarde con un bote de palomitas.

La Leyenda de Tarzán
Productora: Warner Bros. Pictures, Village Roadshow Pictures
Director: David Yates
Guión: Adam Cozad, Craig Brewer
Reparto: Alexander Skarsgård, Samuel L. Jackson, Christoph Waltz, Margot Robbie
Estreno en México: 8 de julio

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