Ciudad de México.- Sabemos que el transporte de mercancías ha tenido un crecimiento exponencial desde hace algunos años. Las nuevas tecnologías, las compras en línea y el e-commerce han evolucionado como nunca, y la gestión de la cadena de suministro de productos siempre ha sido un desafío constante, en cualquier industria, pero cuando se trata de productos perecederos o sensibles a la temperatura, el nivel de complejidad se multiplica exponencialmente.
Desde alimentos hasta productos farmacéuticos de alto valor biológico, la integridad de la carga depende de un hilo muy fino: la estabilidad térmica. Una desviación de apenas unos grados puede significar la diferencia entre un producto seguro y eficaz, y una pérdida total que impacta directamente en la rentabilidad y la reputación de la empresa.
Para enfrentar este desafío, los gerentes de logística ahora deben adoptar un enfoque holístico que vaya más allá del simple transporte. Se requiere una estrategia que integre planificación precisa, tecnología de vanguardia y una ejecución impecable. En este escenario, la implementación de servicios de carga refrigerada se presenta como una de las soluciones logísticas fundamentales para garantizar que la mercancía se mantenga dentro de los rangos establecidos durante todo el trayecto, asegurando así la continuidad de la cadena de frío desde el origen hasta el destino final.
4 consideraciones para optimizar la logística de productos sensibles
Sin embargo, contratar el transporte adecuado es solo el primer paso. Para minimizar las mermas (que en la industria alimentaria y farmacéutica pueden alcanzar cifras alarmantes) y evitar retrasos costosos, es necesario aplicar una serie de prácticas diseñadas para blindar la operación logística contra imprevistos. A continuación, exploramos los pilares fundamentales para optimizar este proceso crítico.
1. La importancia vital del control térmico estricto
El control térmico no se trata simplemente de “mantener las cosas frías”. Se trata de consistencia y precisión. Diferentes productos requieren rangos muy específicos, por ejemplo, las vacunas pueden requerir temperaturas de ultracongelación, mientras que ciertas frutas necesitan un ambiente fresco pero no helado para evitar daños por frío.
La ruptura de la cadena de frío, conocida técnicamente como “excursión térmica”, es la principal causa de desperdicio. Para mitigar esto, las mejores prácticas incluyen:
- Pre-enfriamiento de la carga y del vehículo: Nunca se debe cargar un producto sensible en un remolque caliente. Tanto la mercancía como la caja del camión deben estar a la temperatura óptima antes de iniciar la carga.
- Embalaje pasivo adecuado: El uso de aislantes térmicos, geles refrigerantes y mantas térmicas proporciona una capa adicional de seguridad que protege al producto durante las transferencias (carga y descarga), donde el riesgo de exposición a la temperatura ambiente es mayor.
2. Planificación de rutas eficientes y contingencias
En la logística de perecederos, el tiempo es el enemigo número uno. Cuanto más tiempo pase un producto en tránsito, mayor es el riesgo de degradación y mayor es el consumo de energía para mantener la temperatura. Una planificación de rutas eficiente no solo encontrará el camino más corto, sino el más inteligente.
Esto implica analizar variables como:
- Tráfico y congestión: Evitar zonas de alto tráfico en horas pico para reducir el tiempo de inactividad del motor.
- Condiciones climáticas: Prever olas de calor extremas que puedan exigir un mayor rendimiento de los equipos de refrigeración.
- Infraestructura de soporte: Identificar rutas que cuenten con puntos de servicio o descanso seguros donde se pueda verificar el estado de la unidad sin comprometer la carga.
Además, es vital contar con planes de contingencia (Plan B). Si un vehículo sufre una avería mecánica, ¿cuánto tiempo tomará realizar un transbordo antes de que la temperatura interna suba a niveles críticos? Tener estos protocolos definidos reduce el tiempo de reacción y salva la carga.
3. Tecnología de monitoreo: Visibilidad en tiempo real
La era de confiar ciegamente en que el termostato funciona ha terminado. La tecnología actual permite una visibilidad total a través del Internet de las Cosas (IoT). El uso de data loggers (registradores de datos) y sensores conectados en tiempo real es indispensable.
Estas herramientas permiten a los gestores logísticos:
- Recibir alertas instantáneas: Si la temperatura sube por encima del umbral permitido o si una puerta se abre en un lugar no autorizado, el sistema envía una alerta inmediata al centro de control.
- Auditoría forense: En caso de reclamos por calidad, los datos históricos sirven como prueba irrefutable de que la cadena de frío se mantuvo intacta bajo la custodia del transportista.
- Toma de decisiones proactiva: Si se detecta una tendencia de calentamiento gradual, se puede instruir al conductor para que revise el equipo antes de que ocurra una falla total.
4. Coordinación sinérgica entre proveedores y transportistas
Finalmente, la tecnología y los camiones modernos no sirven de mucho si fallan los procesos humanos. La mayoría de las pérdidas ocurren en los puntos de interfaz: muelles de carga, almacenes de tránsito y puntos de entrega.
La coordinación entre el proveedor (quien envía), el transportista (quien mueve) y el cliente (quien recibe) debe ser absoluta. Esto se logra mediante:
- Acuerdos de Nivel de Servicio (SLA) claros: Definir responsabilidades específicas sobre quién verifica la temperatura en cada punto y cuáles son los tiempos máximos de espera permitidos.
- Capacitación conjunta: Los operarios de almacén y los conductores deben conocer las mejores prácticas de estiba para permitir la correcta circulación del aire frío dentro del remolque. Una carga mal estibada puede crear “bolsas de calor” que dañen parte de la mercancía, aunque el equipo de frío funcione perfectamente.
- Sincronización de horarios: Reducir los tiempos de espera en muelle es crucial. Un camión parado con el motor en marcha esperando descargar no solo quema combustible, sino que aumenta el riesgo de fallas mecánicas.
Optimizar la logística de productos sensibles a la temperatura es una inversión en calidad y confianza. Al integrar un control térmico riguroso, una planificación de rutas inteligente, tecnología de monitoreo en tiempo real y una sólida coordinación humana, las empresas no solo reducen drásticamente las mermas y pérdidas financieras, sino que garantizan que el consumidor final reciba un producto seguro y de excelencia.
En un mercado competitivo, la eficiencia de la cadena de frío no es un lujo, es una ventaja operativa indispensable.
















