Por Paulo Araya
CEO de Alikum
Fundé Alikum en 2020, en plena pandemia, mientras estudiaba y soñaba con una forma distinta de emprender. No quería simplemente vender productos, quería construir un modelo que tuviera sentido en lo económico, en lo ambiental y también en lo social. Y lo encontramos en la madera descartada por la industria minera: pallets que solían terminar como residuos ahora son la materia prima de nuestra empresa. Fue cuando me surgió la siguiente interrogante: ¿Qué pasaría si un pedazo de madera olvidado pudiera cambiar una vida?
Esa fue la pregunta que me hice al llegar a un país vibrante como México, con un potencial inmenso para convertirse en un nodo de transformación con impacto ambiental, económico y social. Como fundador de Alikum, una empresa chilena que ha generado valor desde los residuos, visité recientemente esta región con el propósito de replicar nuestro modelo de triple impacto: economía circular, reinserción social y diseño con propósito.
La oportunidad no es menor. En México, se estima que se utilizan más de 1.9 mil millones de pallets diariamente para transporte y almacenamiento. Muchos de ellos terminan como residuos. Al mismo tiempo, el país cuenta con más de 300 centros penitenciarios y, al cierre de 2023, la población privada de libertad superó las 233 mil personas. De ellas, el 37.4% aún no tiene sentencia y la sobrepoblación en algunos estados sobrepasa el 200%. Estas cifras no son solo estadísticas: son realidades que claman por innovación, respeto y oportunidades dignas.
En México hay una gran oportunidad para que personas en proceso de reinserción social transformen pallets en muebles ecológicos
En una visita a Querétaro, recorrimos el Centro Penitenciario del sector El Cerezo, guiados por su equipo directivo. Conocimos dos talleres de carpintería amplios, limpios y bien equipados, con capacidad para operar en distintos turnos, permitiendo la formación y el trabajo productivo de decenas de personas. A diferencia de Chile, donde hemos implementado proyectos similares con mayores restricciones logísticas y menor espacio físico, en este centro nos sorprendió positivamente la organización, la tasa de reincidencia inferior al 0.5% y la disposición para abrirse a nuevas metodologías.
En paralelo, visitamos una planta industrial en San Pedro Zacatenco que produce embalajes de exportación. Allí identificamos sobrantes de madera en excelentes condiciones, ideales para la fabricación de productos de diseño, juguetes didácticos o mobiliario funcional. Esta conexión entre desperdicio y oportunidad es el núcleo del modelo Alikum: donde otros ven basura, nosotros vemos posibilidades.
Y no se trata solo de hacer muebles. Se trata de transformar la madera en herramientas educativas, en historias, en proyectos colectivos. En Chile hemos desarrollado productos junto a personas en proceso de reinserción social que hoy decoran hogares, oficinas, jardines infantiles y espacios públicos. Esa misma dignidad es la que queremos compartir, adaptando cada diseño a la identidad cultural y necesidades locales.
Durante esta visita técnica pudimos dimensionar similitudes y contrastes entre ambos países: mientras México cuenta con una capacidad industrial potente, Chile ha cultivado una narrativa potente en torno al impacto social de la economía circular. La fusión de ambos enfoques puede dar vida a un modelo que transforme vidas desde la base.
¿Puede un país en franco desarrollo como Chile ser el punto de partida de un nuevo paradigma productivo en México? Yo creo que sí. Y si todo empieza con una tabla de madera, compromiso y voluntad colectiva, entonces estamos en el camino correcto. Porque tal vez las personas, como la merma de la madera, a veces son tratadas como desecho por su origen o condición, pero en realidad pueden ser la base de las más grandes obras.
¿Te quieres enterar de los acontecimientos más recientes de la industria de la mercadotecnia y los negocios? Síguenos en Instagram y TikTok.














