Ciudad de México.- Al terminar una comida abundante, es habitual en muchas culturas pedir una copa pequeña —un digestivo— o una infusión que “cierre” la experiencia. Esto, lejos de ser solo una costumbre social o una excusa para alargar una entretenida sobremesa, el digestivo tiene raíces históricas en la medicina popular y hoy su uso se explica también por efectos fisiológicos reales: muchos digestivos estimulan secreciones salivales y gástricas, favorecen el vaciado estomacal o ejercen acciones sobre la motilidad intestinal.
Incluso, bebidas tan deliciosas como el café premium entran en esta conversación: tomado con moderación al final de la comida, el café influye en hormonas y reflejos digestivos que aceleran el tránsito intestinal.
¿Por qué funcionan realmente los digestivos?
La explicación más simple pasa por el gusto: sabores amargos y aromáticos (los de muchos licores amargos y “bitters”) activan receptores gustativos que a su vez desencadenan respuestas digestivas —más saliva, mayor secreción de jugos gástricos y biliares— que ayudan a procesar la comida. Esta teoría de los “bitters” como iniciadores del proceso digestivo es la que respalda buena parte de la tradición europea para el consumo de “amaris” (bebidas amargas) y licores herbales.
Además del reflejo gustativo, algunas bebidas actúan sobre hormonas digestivas: el consumo de café, por ejemplo, aumenta gastrina y colecistoquinina, hormonas que estimulan la contracción del colon y la secreción biliar, explicando por qué a muchas personas les provoca sensación de evacuación tras beberlo. Otros componentes —como los compuestos amargos de las hierbas o ciertos polifenoles— pueden modificar la motilidad o la secreción en el estómago y páncreas.
Ejemplos clásicos de digestivos y qué aportan
• Amaro / Fernet / Chartreuse / otros licores amargos: Nacidos en farmacia y boticas, los amari combinan hierbas, raíces y cáscaras que aportan amargor y aromas; hoy se consumen tanto por placer como por su reputación “digestiva”. Estudios sensoriales y culturales apoyan la idea de que los amargos “despiertan” el sistema digestivo tras la comida.
• Brandy, cognac y grappa: Aguardientes envejecidos que, tomados en pequeñas cantidades, se asocian a la sensación de calmar y asentar el estómago.
• Vinos fortificados (Oporto, Madeira) y licores de frutas (limoncello): Dulces o herbales, sirven como cierre y aporte calórico; su efecto digestivo suele ser más sensorial que farmacológico.
• Bitters y aperitivos “digestivos” no alcohólicos: Sí, esos extractos concentrados o combinaciones herbales que se usan en gotas o cócteles para activar el apetito del sistema digestivo.
Otras bebidas no alcohólicas que ayudan a la digestión: tés, hierbas y fermentados
No todo digestivo es alcohol. En muchas mesas aparecen infusiones y preparaciones con respaldo científico:
• Jengibre: Este ingrediente ampliamente estudiado por su capacidad para reducir náusea, acelerar el vaciado gástrico y modular dolores gastrointestinales; varios metaanálisis y revisiones médicas muestran efectos favorables en trastornos funcionales del tracto digestivo.
• Aceite de menta: Con evidencia en el manejo de síndrome de intestino irritable y espasmos intestinales; es uno de los remedios herbales con más estudios clínicos en este campo.
• Manzanilla, anís y hinojo: Usados tradicionalmente contra la hinchazón y los gases; su efecto es más anecdótico, aunque la comunidad científica reconoce propiedades carminativas en varias de estas plantas.
• Fermentados (kombuchas, kéfir): Aportan microorganismos y metabolitos que pueden influir en la microbiota; aunque la evidencia clínica es heterogénea, los fermentados se integran cada vez más en la idea de “postre funcional”.
Riesgos y matices: moderación y elección informada
Decir que un digestivo “cura” la indigestión sería exagerado. Muchas bebidas digestivas actúan en pequeñas dosis y su efecto depende del contexto: qué se comió, la sensibilidad individual como el reflujo o la gastritis, y si hay interacción con medicamentos.
El alcohol en exceso altera la motilidad y puede irritar la mucosa gástrica, por lo que la recomendación general es moderación. Para personas con problemas digestivos crónicos conviene consultar a un profesional antes de asumir que un licor o una infusión es la solución.
Cultura, placer y salud: por qué insistimos en la sobremesa
Más allá de la fisiología, el digestivo cumple una función social: marca el final de la comida, prolonga la conversación y ofrece un ritual que contribuye al bienestar subjetivamente. Esta combinación de placer sensorial y pequeñas ayudas fisiológicas explica por qué la práctica ha perdurado en culturas tan distintas como la italiana, aficionada al amaro; la francesa, adepta al cognac; o la anglosajona, amante del brandy o whisky.
Recomendaciones prácticas
• Si buscas un digestivo con respaldo tradicional y científica: prueba una infusión de jengibre o menta tras una comida pesada.
• Para quienes disfrutan de licores: una copa pequeña de amaro o un brandy de calidad puede ser placentera y, en muchos casos, contribuir al confort digestivo (siempre con moderación).
• Si prefieres café: optar por un café premium puro y sin exceso de leche puede ayudar a activar el tránsito intestinal y aportar compuestos beneficiosos para la microbiota; toma en cuenta tu tolerancia a la cafeína.
En suma, el digestivo es una tradición con raíces sensoriales, culturales y también fisiológicas. No es una panacea, pero la combinación de sabores amargos, hierbas aromáticas o fermentados tiene efectos reales —aunque modestos— sobre la digestión. Más importante aún: el ritual de la sobremesa alimenta el placer y la convivencia, que también forman parte de la salud.
















