Por Jairo Rocha
CEO de Blank space
Hoy todas las marcas compiten por atención. Ya no basta con tener un buen producto: necesitas una historia que conecte, una estética reconocible y una comunidad que quiera hablar de ti. Algunas lo logran y otras se quedan en el intento. Las que destacan no solo venden, sino que se vuelven parte de la cultura. No importa si hablamos de moda, tecnología o skincare: lo verdaderamente viral no se mide solo en ventas, sino en la forma en que una marca se instala en la conversación social, en las cosas diarias de las personas y en el lenguaje visual de las redes sociales.
Entonces, ¿cómo es que algunas marcas se vuelven virales?
Porque no se conforman con lanzar productos: construyen universos. Tienen un punto de vista claro, una estética coherente y una comunidad que se siente parte de la narrativa. No hacen campañas, generan cultura. Lo vemos en GRWMs, en memes, en publicaciones espontáneas que parecen nacer sin brief. Pero eso no pasa por accidente. Detrás de esas marcas hay una estrategia bien pensada de influencer marketing, no como táctica aislada, sino como columna vertebral de construcción de marca.
Un caso claro es Rhode, la marca de Hailey Bieber, que en menos de dos años no sólo lanzó productos, sino que definió un lenguaje visual, una promesa estética y una comunidad. Rhode no vendía únicamente skincare o maquillaje, vendía una idea aspiracional de lo simple, lo limpio, lo “glowy” sin esfuerzo. Desde su empaque hasta su feed, todo respondía a una estética clara, pensada al detalle. Pero esa estética no se quedó en sus redes oficiales. Se trasladó a creadores, a publicaciones orgánicas, tutoriales, reseñas, GRWMs y trends que multiplicaban su mensaje sin parecer que venían de la marca.
Ahí está la diferencia. Las marcas que se vuelven virales no buscan visibilidad masiva y vacía; buscan afinidad profunda. Rhode no apostó por el volumen, sino por conectar con los perfiles correctos. No necesitaba estar en todos lados, sino en los lugares correctos. En vez de campañas tradicionales, construyó una presencia continua, casi natural, con influencers de diferentes tamaños y estilos: desde amigas personales de Hailey con gran alcance hasta microcreadoras de contenido que representan ese estilo sin forzarlo. ¿El resultado? Una comunidad que no solo compra, sino que replica, defiende y desea pertenecer a ese universo.
Esto nos deja tres aprendizajes valiosos como industria:
· Que el influencer marketing no es un canal más: es parte de la identidad de la marca.
· Que las marcas virales no se construyen con un solo pico de campaña, sino con una presencia constante y coherente en el tiempo.
· Que la selección de perfiles importa tanto como el producto: elegir bien a quién le das tu mensaje puede ser la diferencia entre una colaboración bonita y una construcción de marca poderosa.
Ahí es donde entran las agencias especializadas en influencer marketing. No solo se encargan de contactar perfiles, sino de traducir los valores de una marca en contenido relevante, elegir a los voceros correctos, diseñar estrategias de visibilidad sostenida y medir impacto más allá de los likes. Entienden cómo funciona el ecosistema digital, conocen a los creadores y dominan los códigos de cada plataforma.
Una buena agencia puede ver oportunidades donde otros solo ven números: detectar influencers con alto poder de recomendación, anticipar tendencias de contenido y construir campañas que realmente se sientan orgánicas, sin dejar de responder a objetivos de negocio.
Porque al final, lo que hace icónica o viral a una marca no es lo que dice de sí misma, sino lo que otras personas dicen de ella.
¿Te quieres enterar de los acontecimientos más recientes de la industria de la mercadotecnia y los negocios? Síguenos en Instagram y TikTok.
























