Por Clarisa Fonseca
Gerente nacional de comunicación de la Red BAMX
Hay algo que ningún análisis táctico logra explicar del todo: la manera en que el fútbol convierte una sala de estar en estadio, a los vecinos en familia y una tarde ordinaria en un recuerdo que dura años. El grito compartido, la mesa llena, la botana que viaja de mano en mano, el partido que es pretexto para lo que de verdad importa: estar juntos. México sabe hacer eso mejor que nadie.
El Mundial 2026 nos llega con una oportunidad inédita: México volverá a ser sede de la mayor celebración deportiva del planeta. Pero esta vez, además de los partidos, el mundo verá cómo convivimos, cómo recibimos y cómo compartimos. Nos verá celebrar. Y si algo sabemos hacer bien en este país, es precisamente eso.
El fútbol nos reúne. Y en México, cuando nos reunimos, siempre hay comida de por medio. La mesa es mucho más que un lugar para comer: es identidad, hospitalidad, comunidad y afecto. El Mundial amplificará esa tradición a una escala extraordinaria: reuniones en casa, restaurantes llenos, bares abarrotados, hoteles recibiendo visitantes y millones de personas compartiendo algo alrededor de los partidos.
Por eso, vale la pena hacernos una pregunta sencilla: ¿cómo podemos celebrar todavía mejor? No desde la restricción, sino desde la conciencia. Porque mientras vivimos momentos de abundancia colectiva, también enfrentamos una realidad que no podemos ignorar: en México se generan aproximadamente 30 millones de toneladas de alimentos desperdiciados al año —el equivalente a dos tráilers de comida por minuto que podrían aprovecharse de otra manera. Al mismo tiempo, 44 millones de mexicanos enfrentan inseguridad alimentaria.
El Mundial 2026 puede convertirse en uno de esos momentos capaces de impulsar pequeños cambios cotidianos con un impacto enorme. Porque celebrar mejor no significa celebrar menos. Significa hacerlo con mayor intención. Y esa posibilidad está al alcance de todos.
Un Mundial sin desperdicios: Lo que cada quien puede hacer desde su cancha
Familias y anfitriones
La planeación es el gesto más poderoso y más sencillo. Calcular porciones con anticipación, hacer la lista del súper con los partidos en mente, rescatar las sobras de ayer para el desayuno de hoy. La botana que preparamos con cariño tiene más valor cuando no termina en el bote. Y lo que genuinamente no vayamos a consumir tiene el poder de llegar a quien más lo necesita, antes de que pierda su momento.
Restaurantes, bares y negocios de alimentos
El Mundial es temporada alta. También es temporada de liderazgo. Ajustar porciones a la demanda real, crear menús creativos con ingredientes de aprovechamiento y establecer protocolos de donación con bancos de alimentos locales no solo reduce mermas, sino también construye una reputación y una historia que vale la pena contar. Los negocios que celebran con conciencia también ganan.
Hoteles y espacios turísticos
Las semanas de los partidos traerán oleadas de visitantes nacionales e internacionales. Planear con precisión, evitar la sobreproducción en servicios de buffet y desayunos, y contar con un aliado logístico para el rescate de excedentes puede convertir lo que antes era merma en impacto social real. Y eso también se comunica, se valora y se recuerda.
Marcas y empresas
Tienen en sus manos algo muy valioso: visibilidad y convocatoria. Incorporar el consumo responsable en su narrativa del Mundial —una campaña, un compromiso, una alianza con actores sociales— es una forma de conectar con sus públicos desde los valores, no solo desde la emoción del juego. El legado de una marca puede ir mucho más allá del marcador final.
Red BAMX: 30 años construyendo este equipo
Desde hace más de 30 años, la Red BAMX trabaja precisamente bajo esa idea: que ningún alimento con valor nutritivo debería perderse mientras exista alguien que lo necesite.
A través de una red nacional de bancos de alimentos, organizaciones, empresas y aliados estratégicos, impulsamos el rescate y redistribución de alimentos en todo el país, construyendo soluciones que permitan aprovechar mejor lo que ya existe. Programas como Al Rescate y Pacto por la Comida nacen de esa convicción: sumar a empresas, restaurantes, hoteles y actores sociales para reducir el desperdicio alimentario desde una lógica colaborativa y de largo plazo.
El Mundial 2026 representa una oportunidad extraordinaria para fortalecer esa conversación a gran escala. Porque el verdadero legado que México puede mostrarle al mundo no está solamente en los estadios, sino en nuestra capacidad de compartir con generosidad y con conciencia. En demostrar que una gran celebración también puede reflejar responsabilidad colectiva.
Eso empieza en decisiones cotidianas: en la lista del súper antes del partido, en un restaurante que decide donar sus excedentes, en una marca que transforma su presencia en compromiso, en cada gesto que demuestra que celebrar y cuidar también pueden jugar en el mismo equipo.
El balón ya está en juego. Y quizá el partido más importante no se juegue en el estadio, sino en la manera en que decidimos compartir.
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