Por Ignacio Serna
Ceo de Serna PR
Twitter: @SernaNacho

En últimas fechas mucho se ha hablado de la reciente declaración del presidente electo de los Estados Unidos sobre el levantamiento del muro de concreto en la frontera norte del país, la cual a muchos mexicanos nos ofendió y unió en un sentimiento nacionalista que invita a consumir lo que produce México y no el país vecino.

Ahora resulta que la Secretaría de Educación Publica (SEP) pondrá los contenidos de los libros de texto gratuito en un papel de baja calidad y que dura muy pocos meses en este tipo de materiales de educación.

Así, la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos (Conaliteg) ha asignado como proveedor de gran parte de papel que se usará para la siguiente edición de libros de texto gratuito a la empresa estadounidense–canadiense Catalyst Paper Corporation Inc., que en México es distribuida por Delman Internacional S.A. de C.V., lo que afecta a la industria nacional y a las productoras de papel, dejando sin trabajo a miles mexicanos porque desde hace más de sesenta años dicha comisión adquiría el papel para sus libros de texto a productores mexicanos.

Ante esta situación, tenemos que preguntarnos: ¿Qué pasará con esta gente? ¿Seguirán conservando sus empleos? ¿Se tratará de una estrategia comercial pre-electoral o serán intereses particulares?

Pero esto no es todo lo que ocurrirá con este cambio. El papel en el que ahora leerán nuestros niños es de un gramaje de 62 g., cuando tradicionalmente era de 68 g. ¿Que si esto es una peor calidad? Pues imagínense que antes leíamos en un papel bond (del que usan las impresoras comerciales que están casa y oficina) y ahora será algo similar a un papel periódico. Y no quiero demeritar el papel usado en los periódicos, ya que éste se elabora para estos fines, pues su tiempo de vida esta diseñado para unos días, es decir, no más de un mes.

¿Osea que los libros en un mes pueden estar desechos? Según algunos expertos de la industria y como me confirmaron una imprenta, sí.

Y no debemos dejar de contemplar algo que también debe preocuparnos: que este papel será elaborado con celulosa virgen, es decir, que ahora nuestros libros ya no serán ecológicos, ya que para su elaboración con este tipo de papel se talarán árboles.

Es importante aclarar que con el gramaje de estas hojas se requerirá una mayor concentración de químicos para que éstas sean más resistentes, por lo que podrían ser más tóxicos para los niños a los que estarán destinados los libros de texto.

Ni hablar, estamos en un México donde, claro está, los intereses de los particulares otra vez queda delante de las buenas y mejores oportunidades de un crecimiento con calidad, y de nuevo los niños, que son nuestro futuro, serán los que la paguen sin deberla ni tenerla.

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