el baile para combatir el estrés

Por Arlette Ramírez
Fundadora de Latina Tribe

Hubo un momento en que me di cuenta de que llevaba meses —quizás años— viviendo en automático. Siendo hija responsable, pareja disponible, empleada del mes, amiga que siempre contesta. Cumpliendo con todos y con todo, menos conmigo misma. Mi vida se veía bien desde afuera: la agenda llena, los compromisos cubiertos, la familia contenta. Pero por dentro había algo apagado. No sabía cuáles eran mis sueños porque había estado tan ocupada persiguiendo los de otros. Y lo más extraño: habitaba un cuerpo que sentía como ajeno. Como si yo fuera solo la cabeza que organiza, resuelve y coordina, y el resto fuera un vehículo para cumplirle al mundo.

Eso nos pasa muchísimo a las mujeres y creo que todas lo sabemos aunque no siempre lo digamos. Aprendemos desde chicas a ponernos en último lugar. Primero la pareja, luego el trabajo, luego la casa, luego la familia, luego las expectativas de la sociedad sobre cómo deberías verte, qué deberías lograr, en qué etapa de tu vida deberías estar a tu edad… y al final, si queda algo de energía, quizás tú. No es queja, es un patrón tan normalizado que ni lo vemos hasta que el cuerpo dice “hasta aquí” de alguna forma: con insomnio, con ansiedad, con esa sensación de no saber quién eres a veces.

No tenía nombre para ese entonces. Ahora sé que era desconexión. Del cuerpo, de mí misma, de lo que realmente quería.

El cuerpo que dejamos de habitar

Vivimos en una época que premia la productividad por encima de casi todo. Contestamos correos antes de levantarnos, comemos de pie entre una cosa y otra, y llegamos a la noche sin haber habitado realmente nuestro cuerpo en ningún momento del día. La desconexión corporal no es metáfora: es un estado real en el que el sistema nervioso queda atrapado en modo alerta permanente, con el cortisol por las nubes y la capacidad de sentir placer casi nula.

Los especialistas en salud mental llevan años diciéndonos que el movimiento físico —especialmente el que involucra ritmo, coordinación y presencia— tiene efectos milagrosos sobre el estrés y la ansiedad. Pero hay algo que la ciencia confirma y el cuerpo ya sabe: no es lo mismo correr en una caminadora mirando el reloj que mover las caderas con una canción que te encanta. Uno es ejercicio. El otro es terapia.

Por qué creamos Latina Tribe

El baile siempre estuvo en mi vida, pero en algún punto lo fui dejando atrás —como tantas cosas que nos pertenecen y que vamos soltando sin darnos cuenta para hacerle espacio a todo lo demás. Cuando volví a bailar, algo se reactivó. No solo en el cuerpo, sino en algún lugar más adentro. Como si una parte de mí que había estado dormida de repente recordara que existía.

Pero también noté algo que me incomodaba: los espacios de baile tradicionales podían sentirse muy intimidantes. Llenos de competencia, de comparación, de la sensación de que si no lo hacías “bien” no pertenecías ahí. Y yo no quería eso para mí ni para otras mujeres tampoco.

Creamos Latina Tribe porque queríamos un lugar donde las mujeres pudieran llegar exactamente como son —con el cuerpo que tienen hoy, con la energía que traen ese día, sin importar si nunca han bailado o si llevan años sin hacerlo— y sentirse completamente bienvenidas. Sin juicio, sin tallas, sin niveles. Donde nadie las mire raro si se equivocan en el paso. Donde pueden llegar hechas un desastre por dentro y salir sintiéndose ellas otra vez.

No lo construimos como un negocio. Lo construimos como el espacio que yo misma había necesitado y no encontraba.

Lo que el baile hace que el gym no puede

El baile opera en capas que otros formatos simplemente no tocan. Cuando uno baila, es muy difícil seguir pensando en la lista del súper, en la tarea pendiente o en ese mensaje que todavía no se contesta. La concentración que exige aprender una coreografía, seguir el ritmo, dejarse llevar por la música, es suficiente para sacar a la mente del loop ansioso en el que vive instalada. Es, básicamente, una meditación con reggaetón —y eso no lo digo yo sola.

Hay evidencia científica bastante contundente detrás de esto. Estudios de neurología han documentado que el baile —a diferencia de otros ejercicios aeróbicos— es uno de los pocos estímulos capaces de generar nuevas conexiones neuronales en adultos. Y algunas investigaciones lo han vinculado con la reducción del riesgo de demencia: bailar regularmente puede disminuirlo hasta en un 76%, más que cualquier otro ejercicio físico o mental estudiado. O sea, el movimiento no solo nos mantiene cuerdas en el día a día, literalmente puede proteger nuestra mente a largo plazo. Eso me parece una razón bastante buena para ponerse a bailar.

La comunidad como parte de la cura

Algo que nadie te dice cuando empiezas a bailar en grupo es que extrañas a las compañeras cuando no vas, desde la señora que siempre llega tarde pero con buena actitud para bailar su favorita, la que se sabe todos los pasos y ayuda a las demás cuando se pierden, hasta la que llega cargando una semana horrible y se va con otra cara al finalizar la sesión.

Eso es lo que más me ha sorprendido de Latina Tribe con el tiempo: lo que pasa entre las mujeres. La forma en que se sostienen. Los mensajes que se mandan en el grupo entre semana. Las amistades que nacen en un lugar donde todas llegaron, en algún momento, sintiéndose un poco perdidas. La CDMX puede ser una ciudad muy solitaria si no encuentras tu tribu —y eso es exactamente lo que buscamos ser. Un lugar donde se pueda pertenecer de verdad, sin tener que ser nadie más que tú misma.

Liberar lo que el cuerpo cargó solo

Hay una frase que se repite mucho en los espacios de bienestar emocional: “el cuerpo guarda lo que la mente no pudo procesar”. Después de años viendo lo que les pasa a las mujeres cuando bailan —cuando de verdad se permiten soltar—, creo profundamente que es cierta.

La rabia de una conversación que nunca tuviste, el cansancio de años siendo la que resuelve, la tristeza de haberte puesto al último tanto tiempo que casi te olvidaste de ti… Todo eso vive en algún lugar del cuerpo y el movimiento —el ritmo, la música, sudar junto a otras personas que también cargan lo suyo— tiene una manera de aflojarlo que pocas actividades logran.

Lo que yo encontré bailando no fue solo una forma de moverme. Fue una versión de mí que llevaba tiempo sin aparecer. Se me encendió algo que estaba apagado: un propósito, una dirección, las ganas de perseguir lo que yo quería y no lo que se esperaba de mí. Y quise crear un espacio para que otras mujeres pudieran encontrar lo mismo.

Con Latina Tribe aprendí que todas merecemos un lugar donde podamos llegar tal como somos y salir siendo la mejor versión de nosotras mismas.

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