Óscar Ibarra Cómplices

Por Óscar Ibarra
Director General de COM Comunicación Integral
Twitter: @COMplicesCOM

“Hay que replantearse el concepto de felicidad”. Zygmunt Bauman

Quienes están enojados con la vida y tienen poco conocimiento de la naturaleza humana señalan a la mercadotecnia como el mismísimo anticristo redivivo en el siglo XXI y como la causa de lo que el filósofo y sociólogo polaco Zygmunt Bauman bautizó como la “modernidad líquida”, en la que el consumo es la medida preferida para buscar la felicidad.

Sin embargo, cualquiera que tenga dos dedos de cerebro estará de acuerdo con que esto no significa un verdadero nivel de felicidad y calidad de vida. “No es verdad que la felicidad significa tener una vida sin problemas. Una vida feliz viene de la superación de los problemas, de la lucha contra los problemas, de resolver las dificultades”.

“Es necesario enfrentar los desafíos, esforzarse. Se llega a la felicidad cuando nos damos cuenta de poder controlar los desafíos puestos por designio divino. En cambio, nos sentimos perdidos cuando aumentan las comodidades”, expresó Bauman en el documental La Teoría Sueca del Amor.

Para quienes hemos dedicado la vida a entender la conducta de las personas asociada al consumo y a la relación con las marcas, no suena extraño. La verdad es que cuando poseer por poseer se convierte en una forma de vida, cada día somos menos libres y estamos más atados a apegos intrascendentes, aunque sean muy costosos en algunos casos.

Muchas veces nos comportamos como verdaderos idiotas comprando y consumiendo en un absurdo deber ser para obtener identificación y reconocimiento de quienes consideramos nuestros iguales -medidos esencialmente por cuestiones materiales y poder adquisitivo- y, por supuesto, para marcar la distancia con quienes consideramos inferiores y no pueden pagar las ridículas cantidades de dinero que cuestan ciertos satisfactores como bolsas de lujo y agua de los Alpes.

Mi punto de vista es que esto no es resultado de la mercadotecnia, sino del vacío cultural y emocional que viven algunas sociedades contemporáneas en las que el dinero se ha vuelto el referente más poderoso de la identidad de muchas personas y, como consecuencia, el consumo se ha convertido en la forma de mostrarlo.

Sin embargo, cuando hay aspectos trascendentes y valores en el corazón de las personas, el consumo puede ser un pasatiempo pero nunca se convierte en la esencia.

Partiendo de ello, la mercadotecnia se dedica a entender a los grupos de personas que forman los mercados y a crear propuestas de valor que hagan que prefieran a una u otra marca. La estupidez humana no es responsabilidad de la mercadotecnia. La anemia cultural en que viven grandes grupos de la sociedad no es responsabilidad de la mercadotecnia. El vacío de valores en que crecen millones de hijos abandonados cuya única compensación está dada por bienes materiales ante la ausencia de sus padres dedicados a generar más dinero tampoco es responsabilidad de la mercadotecnia.

La mercadotecnia se dedica a buscar la mejor manera de satisfacer las necesidades latentes o patentes de las personas, sin importar qué tan estúpidas puedan parecer. Finalmente, no es más que otra forma de generar dinero para las empresas pero no es la causa del vacío de la sociedad, sino su consecuencia.

Dice Bauman que “la estrategia de hacer feliz a la gente elevando sus ingresos no parece que funcione”. Creo que tiene razón.

Por último, aquí les dejo otras dos frases del mismo autor:

“El amor se abstiene de prometer un camino fácil a la felicidad”.

“Los antiguos lo sospechaban […] sugirieron que sin esfuerzo, la vida no ofrecería nada para hacerla digna de ser vivida”.

Sigue a The markethink y entérate de los temas más actuales y sobresalientes de la industria


Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here