Por Madián Morante
Gerente de marketing para EMC México
Twitter: @MadianMorante

“Y tú Maddie, ¿alguna vez has usado una aplicación o un sitio web para buscar pareja?”, me preguntó anoche uno de mis amigos mientras cenábamos un exquisito restaurante de Querétaro. Le di otra probada a mi pastel de chocolate, sonreí y contesté: “¿Tú qué crees?”. Para sorpresa mía, todos los que estábamos en la mesa habíamos cedido a la tentación del online dating al menos una vez en diferentes etapas de nuestras vidas.

La anécdota más divertida, sin duda, fue compartida por mi amigo Mauricio. En una de esas etapas de soltería, decidió una buena noche conectar con gente nueva y ver si entre esas personas había una chica con quien pasar una tarde en el cine y comer palomitas hasta dejar el recipiente vacío. “Y si se da algo más, ¿por qué no?”, dijo Mau.

Después de algunos días en la búsqueda, contactó a una chica que parecía linda. Su foto de perfil no dejaba ver mucho de ella pero su descripción hacía mucho click con lo que él estaba buscando. Tras un par de semanas chateando sin compartir muchos datos personales, decidieron conocerse en un café de la Condesa. Vaya sorpresa la que se llevó cuando en su mesa se sentó nada más y nada menos que ¡su prima!, quién admitió haber falsificado todos los datos de su perfil y dejar ver así muy poco de su identidad real. Terminaron los dos en el cine, muertos de la risa.

Jorge Luis, en un caso muy diferente, lleva varios meses de relación con una niña linda, cariñosa y divertida a quien conoció en una de las tantas apps disponibles para teléfonos móviles. Un caso de éxito para esta industria.

De acuerdo con un artículo de investigación conducido por la APC, la industria del online dating ha crecido tanto que su valor se estima ya en dos billones de dólares. Decenas de aplicaciones y websites conforman esta forma diferente para conocer personas que podrían o no resultar en un encuentro amoroso y, posteriormente, podrían o no evolucionar en una relación perdurable.

Pero ¿cuáles son las lecciones que los mercadólogos podemos aprender de este boom? Aquí tres aspectos que me parecen fundamentales:

1. Comunicar un mensaje al mercado. No sólo se trata de crearlo y enviarlo por diferentes canales, sino de asegurar que ese mensaje sea claro en lo propone y ofrece, y que además sea real. Vaya decepción tuvo mi amigo Mauricio cuando recibió a su online date, cuyo perfil era completamente distinto al que publicó.

2. Con nuestras campañas preguntarnos si estamos haciendo todo lo necesario para que nuestro cliente quiera quedarse con nosotros. ¿Qué hizo Jorge Luis para que su entonces online date no sólo quisiera conocerlo sino además quedarse con él? Es necesario medir el éxito de nuestras campañas no sólo en términos de generación de demanda, sino también en términos de lealtad, calidad de la respuesta de nuestro cliente y niveles de satisfacción.

3. Diferenciación. En un mundo lleno de opciones, es trascendental que nuestro producto y/o servicio traiga a la mesa del cliente un valor inigualable. Campañas diferenciadas para productos diferenciados. En la mayoría de las ocasiones, sólo tenemos una oportunidad para captar la atención de esa persona especial, ya sea nuestro potencial online date o un tomador de decisiones dentro de una empresa prospecto.

Si bien no estoy interesada en volver a incursionar en el online dating, estoy segura de que muchos mercadólogos que como yo tuvieron un acercamiento al mismo se sentirán identificados con estas lecciones. Como pueden ver, todo lo que aprendemos en nuestras experiencias de vida ¡está conectado entre sí!

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