Óscar Ibarra Cómplices

Por Óscar Ibarra
Director General de COM Comunicación Integral
Twitter: @COMplicesCOM

Seguramente han escuchado sobre la historia de los juicios de Salem, en los que más de 150 personas fueron detenidas y encarceladas sólo con acusaciones, sin prueba alguna y sin tener manera de defenderse más allá de su palabra. Este acontecimiento ha sido usado retóricamente en la política y la literatura popular como una advertencia real sobre los peligros del extremismo religioso, acusaciones falsas, fallos en el proceso y la intromisión gubernamental en las libertades individuales. En esta ocasión, la acusada fue la publicidad infantil.

Como resultado de una ofensiva que ha venido creciendo con el impulso de organizaciones no bien informadas (intencionadamente o no), en 2014 nuestros legisladores decidieron prohibir la transmisión de publicidad dirigida al segmento infantil en los horarios considerados para dicha audiencia.

Asimismo, votaron a favor de una sobrecarga fiscal a través del IEPS a las bebidas azucaradas y a los alimentos de alta densidad calórica aunque, a decir verdad, se les olvidó aplicar este nuevo gravamen a los millones y millones de litros de aguas frescas azucaradas que se venden en México en los mercados informales y a las toneladas de garnachas, gorditas, sopes, quesadillas, tacos, tortas y demás antojitos que consumimos cada día los mexicanos.

Es un hecho que indigna a todos el saber que una importante parte de la población infantil y adolescente de nuestro país se encuentra en un estado de sobrepeso u obesidad que había venido creciendo de manera muy importante hasta 2006. Sin embargo, de acuerdo con los resultados de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2012, este crecimiento se redujo de manera muy importante en el período comprendido entre 2006 y 2012, dos años antes de que se aprobaran las medidas mencionadas.

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En este período no hubo IEPS ni prohibición de transmitir publicidad, pero al parecer sí se llevaron a cabo acciones muy efectivas por parte de la Secretaría de Salud que abarcaron, entre otras cosas, comerciales, campañas de tipo publicitario y una enorme actividad de educación y concientización en escuelas y centros de afluencia de menores y padres de familia.

Estos son antecedentes exitosos en el combate al sobrepeso y la obesidad que no fueron tomados en cuenta cuando nuestros legisladores en 2014 votaron por la aplicación del IEPS que no redujo el consumo, según cifras de la propia Secretaría de Hacienda, misma que recaudó mucho más de lo que esperaba por dicho concepto, restringiendo quizá el poder adquisitivo de las familias en otros alimentos y renglones del gasto familiar.

Recaudación enero-abril 2015 por impuesto a bebidas saborizadas (con azúcar): 6 mil 97 millones de pesos — 154% más que en el mismo período de 2014.

Recaudación en enero-abril 2015 por IEPS a alimentos de alta densidad calórica: 5 mil 737 millones de pesos — 137% más que en el mismo período de 2014.

El consumo de bebidas y alimentos con alta densidad calórica debe darse de una forma responsable y para ello es necesario educar a la población e informarla en lugar de prohibir. Existen evidencias de que esto sí funciona.

La agencia De La Riva Group, en un reciente estudio nacional que realizó sobre la alimentación de los mexicanos, publica en su Manifiesto de la Comida una expresión que reza: “Para el mexicano, restringirse a comer un solo alimento en lapsos establecidos ¡va en contra de su propia naturaleza cultural!” Nosotros, mientras nos comemos unas deliciosas gorditas de chicharrón prensado, confirmamos lo que dice mi socia: Las medidas de censura no cambian la cultura.

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