Por Madián Morante
Gerente de marketing para EMC México
Twitter: @MadianMorante

¿Con qué frecuencia se sienten asombrados por algo que les sucede en el día? A mí me ocurrió recientemente durante una placentera cena con amigos.

Me encontraba en un hermoso y pintoresco restaurante en medio de la nada. No había una sola mesa vacía y todos los grupos platicaban animosamente, lo cual creaba una atmósfera alegre en el lugar. Después de varios años sin vernos, mis amigos y yo logramos reunirnos en la fría y vanguardista ciudad de Boston, donde charlamos de todo un poco: apartamentos, bebés, viajes, ropa, suegras, comida, disfraces para el Día de Muertos… Pasamos por todos y cada uno de estos temas mientras disfrutábamos de un buen vino español.

De pronto, una de mis amigas comentó algo que nos dejó pensando por unos segundos: “¿Se dan cuenta de lo afortunados que somos? Han sucedido tantas cosas interesantes en esta mesa que ninguno de nosotros ha revisado su celular para leer mensajes, entrar a nuestras redes sociales o chatear. Eso ya no sucede en estos días”. Me sorprendí gratamente.

¿Han pensado cuántas horas dedican al uso de sus gadgets y teléfonos móviles? Y más importante aún, ¿han pensado en las consecuencias del uso excesivo de los mismos?

En un artículo publicado en el diario El Tiempo se menciona: “Existen estudios que sugieren que el uso excesivo del celular puede llegar a modificar el cerebro humano y, en algunos casos, llegar a dañarlo con un efecto similar al de algunas drogas. Aún más, los dispositivos móviles –incluidas las tabletas– pueden generar padecimientos físicos entre los que se encuentran el síndrome del túnel carpiano y el ojo seco, así como trastornos psicológicos como el cibermareo, el síndrome de la vibración fantasma, fobias y adicciones.

“Uno de los efectos psicológicos más comunes es el trastorno de adicción a internet, mejor conocido como IAD, que genera anormalidades en la integridad de la materia blanca en las regiones cerebrales que involucran la creatividad y el procesamiento de emociones, atención, toma de decisiones y control cognitivo”.¹ Mi sorpresa al leer este artículo no fue tan grata.

¿Hasta qué punto el uso de tecnología deja de ser un habilitador para convertirse en una enfermedad? Si bien es cierto que este tipo de dispositivos son parte fundamental de nuestro día a día, necesitamos discernir las consecuencias de un uso inadecuado de los mismos.

Entre otras alternativas, considero que establecer espacios “libres de tecnología” es una de las soluciones que podríamos adoptar rápidamente y que podrían ser replicadas por las personas cercanas a nosotros. Reuniones familiares, tiempo antes de ir a dormir, espacios con nuestra pareja, etcétera, son momentos específicos en los que debemos dejar a un lado los dispositivos móviles para privilegiar nuestra convivencia y enfocar nuestra atención a una persona, grupo de personas o actividad en particular.

¡Déjate sorprender por las cosas maravillosas que suceden a tu alrededor, sólo necesitas levantar tu mirada!

¹ ElTiempo.com, 2015.

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