enseñanzas de un padre exigente

Por Francisco Javier Riveroll
Socio director de Riveroll Bienes Raíces, S.C

Desde que era yo un adolescente de 14 años de edad, aprendí de mi padre que tendría que valerme por mí mismo en muchos aspectos de la vida. A veces, cuando llegaba a pedirle su consejo, él me contestaba: “investígalo tú mismo, experiméntalo tú mismo y lo aprenderás tú mismo”. Su método era duro y especialmente exigente conmigo por ser él un hombre muy exitoso y al ser yo el mayor de sus hijos varones de una familia de siete hermanos (cuatro hombres y tres mujeres).

Él siempre esperaba de mí mucho esfuerzo, dedicación y entrega en lo que hacía. Su exigencia me sirvió, funcionó conmigo; aún resuena en mi cabeza su frase favorita: “sé útil”. Él me introdujo en la lectura motivacional a través de unos pequeños cuadernillos que publicaba NACOA (Nacional de Combustibles de Aviación), de donde él fue director general, que se llamaban “Un Mensaje”, y fue a través de esa lectura que me aficioné a los libros de autoayuda y superación personal, cuya esencia y consejos me han dado una actitud mental positiva, muy útil además de necesaria para enfrentar los retos personales y profesionales que día a día nos presenta la vida.

Las frases de un padre exigente que se convirtieron máximas en mi vida

Mi padre, quien fue un hombre admirable y muy brillante, esperaba que cada uno de sus hijos e hijas fuera la mejor versión de sí mismo(a). Desde que era yo un chaval, y después como adolescente, me enseñó a través de su ejemplo y sus palabras a esforzarme cada día en todo lo que hacía.

Cuando regresaba a casa después del trabajo, me decía frases profundas y que siguen siendo máximas en mi vida, tales como “si estás preocupado, mejor ocúpate y aprovecha el tiempo para invertirlo en ti mismo; lee, estudia, aprende, arriesga, fracasa, gana, atrévete, compite, prueba, logra, festeja, celebra, sacrifícate y persevera cada vez que te equivoques o te caigas, levántate otra vez y no te dejes amedrentar por nadie ni por nada, enfrenta los retos, motívate a ti mismo, nunca te des por vencido, no te desanimes, saca la casta, busca siempre ser el mejor tú que puedas ser, siente tú mismo que eres el mejor, esfuérzate sin parar, métele pasión y coraje a lo que hagas, inspírate, gánales a todos, pero nunca seas presumido (mi padre odiaba a la gente presumida, le parecía insoportable), honra tu palabra, no te enojes, siempre sé amable y atento con la gente”… Sin duda, fui muy afortunado de tener a mi padre como maestro de vida.

Con esas bases sólidas y con tan excelente coach personal, fui aprendiendo poco a poco a sortear las dificultades de la vida, a crecer como persona con las experiencias que iba viviendo, a trabajar siempre con ahínco y a tratar de ser un hombre íntegro y cabal. Siempre me han gustado mucho los retos, aunque no puedo negar que hubo épocas complicadas: la exigencia no siempre es bien recibida por los hijos y tuve un período de rebeldía donde experimenté fuertes peleas verbales con mis padres y hasta me fui de la casa en dos diferentes ocasiones en mi adolescencia (la primera por cuatro días y la otra ya fue por seis meses)… ¡pero valió la pena!

Logros profesionales gracias a las enseñanzas de mi coach de vida

Desde que era chico me gustaban mucho las ventas y desde los 16 años vendía los coches de la casa; antes de entrar a la que ahora es mi alma mater, la Universidad Panamericana, vendí varias enciclopedias casa por casa y las ventas le daban a mi vida un sentido de reto y triunfo que siempre me han fascinado.

Al comenzar la Licenciatura en Derecho en la Universidad Panamericana, supe que ser abogado era también lo mío. Desarrollé un sentido de justicia, de honor y de integridad que han sido la base en mi profesion y en mi vida. En el camino laboral ya como abogado, descubrí que las especialidades que más me gustaban eran el Derecho Financiero, el Derecho Corporativo y el Derecho Inmobiliario.

Laboré en la división fiduciaria de un banco importante del país durante dos años y luego me invitó a trabajar como su “asesor jurídico” en FONATUR (Fondo Nacional de Fomento al Turismo) un hombre que a la postre resultó ser uno de mis mejores amigos en la vida. Ahí estuve seis años y después me invitaron a trabajar en un prestigiado y excelente despacho de abogados donde, después de seis años como asociado, me hicieron el honor de convertirme en socio de la firma, ejerciendo durante diez años con grandes abogados y maestros de vida.

A partir de entonces, me aventuré al mundo empresarial para constituir mi propio despacho de abogados para finalmente fundar mi empresa inmobiliaria estilo boutique, donde me encuentro en este punto de mi vida y donde entendí que todo lo que uno experimenta, si es vivido con pasión y en la verdad, nos forja y conduce por el camino hacia el éxito.

Hoy me siento pleno, mucho más relajado, libre y a la vez comprometido con la empresa y con mis clientes, aplicando día a día, en beneficio de ellos, lo mucho que he aprendido hasta ahora. Me encanta dar atención personalizada a cada uno de mis clientes y la máxima sensación es cuando logramos cerrar cada operación y cuando veo salir a mis clientes contentos y satisfechos de lo bien que nos fue en su venta, compra o renta.

Me agradaría tener la oportunidad de más adelante comentarles a los lectores algunas de las máximas que he aplicado de los libros de autoayuda y superación personal que he leído y de los retos a los que me he enfrentado, así como en qué forma los he ido logrando superar. Sin embargo, yo creo que la base de la mayor parte de lo que he aprendido en la vida fue forjado fundamentalmente en las enseñanzas y severidad de mi padre. Realmente valió la pena para mí que él haya sido tan exigente conmigo y haber predicado siempre con su ejemplo.

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