retos del home office

Por Claudio Kandel
Director de DiSí Operaciones
Twitter: @CkMontefiore

En cuestión de un año el mundo se transformó, el catalizador: la pandemia originada en China. Como en toda evolución, los cambios se dieron a nivel global y las empresas no fueron la excepción. Por esta causa, hoy tenemos una nueva forma de operar y tanto las empresas como los colaboradores han evolucionado a un nuevo sistema llamado home office.

Pero, ¿qué significa este cambio? Es un nuevo paradigma en el que todos hemos tenido que adaptarnos a las circunstancias que representa la nueva normalidad.

El antiguo modelo donde las empresas controlaban los resultados de sus empleados por medio de las horas de trabajo ha quedado obsoleto. Hoy las empresas ya no están dispuestas a pagar por un espacio que resulta innecesario, pues la mayoría de los empleados ya no se concentran físicamente en las oficinas. En última instancia, esto resulta en un ahorro de recursos para la empresa. Por otra parte, el contexto también se modificó para los empleados, la mayoría de los cuales ven ciertos beneficios en trabajar desde casa porque se evitan los desplazamientos ida y vuelta y pueden administrar mejor su tiempo.

El home office no respeta horarios ni la privacidad de los trabajadores

El home office ha modificado el estilo de trabajo. Antes los trabajadores estaban concentrados en un espacio y hoy los lugares donde laboran son totalmente desconocidos y, por supuesto, no se pueden controlar, pues cada persona se adapta a sus posibilidades, habilidades, espacios y voluntades.

El cumplimiento de objetivos se realiza a partir de una nueva agenda de trabajo, en la cual tanto la empresa como el colaborador tienen clara la meta que deben alcanzar, pero cada uno aplica su propia forma de trabajar. Para que la compañía pueda funcionar es necesario que el equipo completo se enfoque en el resultado. La dificultad más representativa para la empresa es la ejecución, ya que no puede visualizar qué hacen los trabajadores. Cada integrante del equipo conoce su labor y la realiza de acuerdo con sus tiempos y estrategias. El desempeño de las personas puede llegar a ser justo o injusto, valorado, sobrevalorado o subvaluado, según la perspectiva desde donde se vea.

Los límites entre la vida personal y la vida profesional de los integrantes de la empresa son difusos; por lo tanto, las compañías deben ser empáticas con sus colaboradores, pues cada uno de ellos tiene situaciones diferentes que pueden entorpecer su operación. Si bien es cierto que la empresa espera resultados de sus empleados, también debe ser consciente de que los horarios pueden mezclarse con otros componentes de su vida, lo cual puede provocar pérdida de foco, prioridades, ejecución, resultados, etcétera.

Los roles no se salvan de los cambios: el líder, el jefe, el supervisor y los miembros de los equipos han tenido que ajustarse a las nuevas dinámicas de trabajo dado que la forma de interactuar y organizarse es diferente.

Si bien para la empresa este nuevo esquema no es sencillo, para el trabajador tampoco lo es. Aunque es verdad que el home office ha traído ciertos beneficios, también ha causado complicaciones, en especial la mezcla de las diferentes esferas de vida que produce distracción, disgustos y hasta deterioro de la salud, ansiedad, fluctuaciones de estado de ánimo e incertidumbre. Así como las estructuras laborales tradicionales pierden visibilidad, los miembros del equipo también la pierden, al igual que el intercambio de opiniones y todas aquellas ventajas del contacto social presencial.

El colaborador tiene su vida personal y profesional en el mismo entorno, con la consecuente pérdida de privacidad. Hasta cierto punto se enfrenta a tener que adaptar su vida, funciones, tiempos y responsabilidades para que empaten con los requerimientos de su trabajo. Aunque sea a distancia, existe una dinámica grupal en horarios y días laborales, es decir, el trabajo a distancia no significa hacer las cosas con otro estilo, en otros días y en otros horarios, ya que la cadena de dependencias en el trabajo de equipo puede romperse.

Otro punto a destacar es que, al perderse el límite entre la oficina y el hogar, muchos directivos y colegas no están respetando los horarios de vida personal de sus empleados y tienden a importunarlos en días y a horas no laborales. Esto es parte del proceso de adaptación a la nueva mecánica y mucha de la culpa es de los dispositivos electrónicos, en los que se supone que una persona tiene que estar disponible siempre porque “a fin de cuentas está en su casa”. Aunque hoy estamos conectados prácticamente todo el tiempo, debemos respetar los límites de cada ámbito de la vida.

Empresas, empresarios y colaboradores hemos tenido que adaptarnos a las nuevas condiciones de vida. Es importante que cada uno hagamos nuestro mejor trabajo porque de eso depende que las compañías sigan operando, que existan empleos y que la economía del país no siga sufriendo los estragos del paro en seco que vivió.

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