fiasco de la realidad

Por Michael Convey
Director de Convey Publicidad

Tal vez el señor Walter Elias Disney sabía que la gente odiaba lo que veía todos los días, por eso creó mundos llenos de fantasía para darles la oportunidad de experimentar la felicidad, aunque ésta no fuera real.

A los escritores se les cuestiona si sus historias son vidas que ellos desean y no pueden vivirlas; los lectores somos nobles ovejas que nos dejamos llevar por las invenciones de otros y durante esos momentos de estar ensimismados decimos sentirnos felices… tal vez porque estamos viviendo una irrealidad.

Los publicistas estamos acostumbrados a hacer anuncios “aspiracionales” donde simulamos familias perfectas, parejas encantadoras, niños sonrientes. Lo hacemos pensando en que el consumidor crea que esa irrealidad es alcanzable; intuimos que su realidad no le gusta.

Habrá quien me asegure que esta insatisfacción es cualidad de las ciudades, del consumismo, del capitalismo; sin embargo, la pobreza extrema en la que se encuentran las zonas rurales me hacen pensar que, aún saliendo de los conflictos metropolitanos, la realidad tampoco es afable.

Es muy probable que hoy escribo desde el encierro y, sin duda, estoy afectado después de una triple cuarentena… pero si alguien me asegura que le gusta nuestra actual realidad, tendría que tacharlo de afectado mental.

Ahora, aunque parezca pesimista, no es la intención de esta columna, sino todo lo contrario, quiero que quien la lea se confronte a sí mismo y si su realidad es tan detestable, busque el cambio. Si el trabajo que hacen o hacían es parte de ese contexto, no lo encubran tras lecturas ni extrayéndose frente a una pantalla. Si su entorno se ha convertido en una lápida, deben romper esa pesadez, pero no con la fantasía, sino con una nueva realidad, no la nueva normalidad que permite la pandemia, pues “normal” no es sinónimo de bueno.

Está bien fantasear, es una cualidad del cerebro humano y tal vez sin ella no existiría la evolución, pero no podemos sustituir la realidad con el sueño para poder “sobrellevar” el día a día. No podemos seguir viviendo en la ilusión de las pretensiones, pensando que un auto nos da estatus o que por visitar ciertos restaurantes pertenecemos a un mundo mejor, esa no es la realidad y si están aferrados a esa utopía, cuando menos por un segundo, sean conscientes y traten de descubrir por qué su verdad es un fiasco.

Por favor, si alguien más siente que lo que estamos viviendo no es real, búsqueme,  seguramente tenemos mucho que alucinar.

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